Antes de implementar un ecosistema de IA en Chile, es menester reflexionar acerca de qué queremos ganar y qué cosas proteger, teniendo a la vista las consecuencias y los riesgos patentes de las nuevas tecnologías en áreas sensibles como la educación, el uso de datos personales y la política.

Señor Director:
Según informa El Mercurio ayer, la Ministra de Ciencias Ximena Lincolao abordó recientemente algunos aspectos de sus reuniones con ejecutivos de las Big Tech y empresas de IA en su gira por Estados Unidos. Advirtió que firmas como Google, Meta y Open AI plantearon “condiciones” para invertir en Chile; la principal, que existan leyes habilitantes que permitan que sus tecnologías se desarrollen con libertad . Frente a ello, el llamado de la ministra fue a “no tenerle miedo a subirse a ese carro con ambición, ganas, agresividad”. Sin embargo, dicha aproximación que plantea como único dilema el subirse o no al “carro” parece ingenua ante las múltiples interrogantes que abre la discusión sobre IA.
Antes de implementar un ecosistema de IA en Chile, es menester reflexionar acerca de qué queremos ganar y qué cosas proteger, teniendo a la vista las consecuencias y los riesgos patentes de las nuevas tecnologías en áreas sensibles como la educación, el uso de datos personales y la política. No se trata de oponerse o sobrerregular a priori, pues incluso Estados Unidos –que da enormes libertades a las Big Tech– ha esbozado un giro hacia un mayor control de estas. De lo que se trata es de tomarse en serio el fenómeno, considerando tanto sus posibilidades como sus límites.



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