El conocimiento sin utilidad práctica inmediata está en el corazón de la tarea universitaria. Pero que esa sea nuestra primera pregunta deja al desnudo lo pobre que es la alternativa: si no se trata del solo “retorno social”, creemos que no hay modo de jerarquizar objetos de estudio o preguntas de investigación.
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Señor Director:
Una desafortunada referencia del Presidente Kast a la inversión en investigación y al riesgo de que ella acabe en libros que no salen de las bibliotecas, ha desencadenado una discusión que amenaza con ser inconducente.
En el mundo académico se suele reconocer sin dificultad que estamos ante una crisis multidimensional (que implica preguntas por cuán sano es el sistema de publicaciones indexadas, por cuánto hay de captura ideológica en algunos campos, por la brecha universidad-sociedad, y muchas cuestiones más). Comentarios como el del Presidente, sin embargo, llevan a que esa autocrítica se apague y el gremio pase a un discurso puramente defensivo.
Para salir de aquí parece fundamental reconocer la profundidad del problema. Quien escarba un poco en las materias de investigación que se han financiado fácilmente encontrará ejemplos indignos de recibir apoyo estatal. ¿Por inútiles? No, ese no es el problema. El conocimiento sin utilidad práctica inmediata está en el corazón de la tarea universitaria. Pero que esa sea nuestra primera pregunta deja al desnudo lo pobre que es la alternativa: si no se trata del solo “retorno social”, creemos que no hay modo de jerarquizar objetos de estudio o preguntas de investigación.
A un lado tenemos un craso relativismo posmoderno, incapaz o indispuesto a enfrentar esta cuestión; al otro lado, un igualmente craso pragmatismo que solo sabe responderla en términos de utilidad. Dejada atrás la escaramuza del momento, este es el tipo de alternativa que debemos trabajar por dejar atrás.








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