Opinión
Guzmán, las izquierdas y las mayorías

La incipiente discusión que rodea el plan de reconstrucción y desarrollo económico del gobierno revela un cambio de época dentro del paisaje político nacional.


Guzmán, las izquierdas y las mayorías

La Moneda presenta un proyecto orientado a introducir cambios en materia socioeconómica. Y la oposición, incluso antes de conocer su contenido, advierte que recurrirá al Tribunal Constitucional para dificultar su tramitación. Algunas décadas atrás, este escenario era perfectamente posible, pero con una diferencia relevante: las reformas, más o menos pertinentes, según el caso, las promovía el mundo de centroizquierda; y la resistencia en sede constitucional, más o menos fundada, la levantaban sus adversarios. Aunque quizá no todos los actores lo perciban, la incipiente discusión que rodea el plan de reconstrucción y desarrollo económico del gobierno revela un cambio de época dentro del paisaje político nacional.

Antes —apenas ayer, pensando en procesos de larga duración— las izquierdas reivindicaban con fruición la “agencia política del pueblo” y su expresión en mayorías legislativas. Con aún más vehemencia ese sector denostaba a la “tercera cámara” que encarnaba, según muchas de sus mentes más ilustradas, el TC. El corolario de esa narrativa era la exhortación a terminar a como diera lugar (por las “buenas o las malas”) con la “Constitución de los cuatro generales”. Hoy, con más entusiasmo que consistencia, las izquierdas borran con el codo aquello que escribieron con la mano, sin notar que el hecho resulta poco creíble y, más aún, que refleja un vacío político y programático cuya raíz es la derrota del 4 de septiembre de 2022.

Si bien las derechas ya habían alcanzado la mayoría previamente, no fue sino hasta ese plebiscito que descubrieron de modo rotundo —voto obligatorio mediante— que en el Chile contemporáneo las mayorías no son patrimonio exclusivo ni seguro de sus rivales. El país no es “de derecha”, ciertamente, pero tampoco “de izquierda”. Y al rechazar de forma tan categórica la plurinacionalidad, el ecologismo radical y el resto de las transformaciones que empujaba la fallida Convención (cuyo soporte eran las mismas fuerzas que ahora tildan de “refundacional” el proyecto del gobierno), el pueblo se mostró disponible a respaldar alternativas heterodoxas según los códigos noventeros. El escenario actual es heredero de esa coyuntura.

Al prologar el libro de Belén Moncada sobre Jaime Guzmán publicado en 2006, don Alejandro Silva Bascuñán reconoce, no obstante destacar “la sabiduría y el talento” del gremialista, que lo separaba de él “su desconfianza en el criterio de la mayoría ciudadana”. 20 años después, son las izquierdas quienes parecen recelar de ella y se atrincheran en mecanismos juzgados espurios en el pasado, mientras un discípulo de Guzmán apuesta a dicha mayoría y su expresión en el Congreso y la opinión pública. Nadie sabe para quién trabaja. 

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