Opinión
Wendell Berry y PISA

"Aquí se juega nuestro futuro laboral, la riqueza de nuestras conversaciones, y aquí se juega también el futuro de nuestra democracia".

Wendell Berry y PISA

Dos semanas atrás falleció el conocido agricultor y escritor estadounidense, Wendell Berry. En los días siguientes, personas de las más variadas tendencias políticas y culturales le han rendido tributo, mostrando un aprecio cuya transversalidad es verdaderamente inusual en nuestro tiempo. Es un tributo merecido para un crítico cultural que calibró muy temprano algunos de nuestros problemas. “Si las universidades suben sus exigencias, la educación primaria y secundaria también lo hará; tendrá que hacerlo”, advertía. Pero si se dedican a ofrecer nivelación, continuaba, “relevan a las escuelas de sus tareas, y se vuelven incapaces de cumplir con la suya propia”. Así escribía en “The Loss of the University”, ¡en 1984!

Vale la pena volver sobre esas palabras tras la publicación de los resultados de la prueba PISA. “Toda disciplina descansa en el conocimiento de las palabras y el conocimiento de los números”, escribe Berry. Pero en esta medición, la lectura retrocede incluso más que las ya golpeadas matemáticas. Sin embargo, nada parece lograr que registremos esto con la alarma que merece, como noticia de primera magnitud. Aquí se juega nuestro futuro laboral, la riqueza de nuestras conversaciones, y aquí se juega también el futuro de nuestra democracia (cuyo vínculo con la cultura escrita es fundamental, por mucho que prefiramos hablar de las otras amenazas que ella enfrenta). Como si fuera un tema cualquiera del ciclo de noticias, sin embargo, nuestra preocupación se diluye.

Las causas del declive obviamente son variadas. En parte son causas globales, desde el cierre de escuelas en pandemia hasta las omnipresentes pantallas. No podemos, sin embargo, ignorar las locales. Al comenzar el siglo Chile tuvo resultados más alentadores, y la pérdida de rumbo debe en parte buscarse en nuestra desmesurada apuesta por la educación superior.

En cualquier caso, comoquiera que distribuyamos el peso de estas causas, se trata de cifras que debieran estar en el centro de nuestra discusión nacional. En lectura, Chile ha caído 21 puntos en una década, lo que equivale a un año entero de escolaridad. Nos disgusta la idea de que se haga repetir de curso a un alumno, pero esto difícilmente parece mejor: todo el mundo ha perdido así un año. Un 38% de los jóvenes de 15 años –la edad a que se aplica la prueba– se encuentra bajo el umbral mínimo en capacidad lectora. En el otro extremo, apenas un 2% alcanza el nivel más elevado. Como concluye Berry, la baja de exigencia hace más difícil que un alumno repruebe; pero “por la misma razón, le hace más difícil aprender y para el profesor el enseñar”. 

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