Opinión
La izquierda cómplice

Hay ambientes que ayudan a erradicar la violencia política y otros que sencillamente la favorecen.

La izquierda cómplice

La brutal agresión que sufrió la ministra Lincolao en la Universidad Austral no debe ser minimizada: una secretaria de Estado fue víctima de un auténtico intento de linchamiento. El episodio revela hasta dónde pueden llegar la cancelación e intolerancia que se han ido instalando en diversos entornos, y que antes ya anticiparon las funas contra Sergio Micco y el propio presidente Kast (entre otros). En rigor, se trata de un proceso de degradación tan paulatino como perceptible, cuyas consecuencias están a la vista.

Al indagar en los antecedentes de este escenario, emerge una verdad incómoda: durante años se incubó en porciones relevantes de la izquierda criolla la complicidad pasiva o activa con la violencia, en distintos niveles. El fenómeno se hizo notorio al calor del estallido y la fallida Convención. Por ejemplo, Elisa Loncon, al ser consultada en una entrevista sobre si llamaría a “deponer las armas” a los grupos terroristas que dicen reivindicar la causa mapuche, respondió: “yo no tengo el estándar de Mandela en este momento para pedir que bajen las armas”.

Para no ser menos, el entonces convencionista del “colectivo socialista”, Jorge Baradit, al ser interrogado por las agresiones que sufrieron los convencionales de RN Luciano Silva y Ruggero Cozzi, sostuvo inicialmente ante las cámaras: “me parece conveniente que ellos ahora también sufran un poquitito lo que nosotros, los chilenos, hemos sufrido desde el estallido social (…) Que ellos le tomen un poquitito el gustito no me parece tan mal”. Nótese: Silva fue hostigado por encapuchados en su domicilio y Cozzi recibió gritos, golpes y patadas a la salida del ex Congreso.

Apenas son dos ejemplos. Pero es importante recordar este itinerario porque hay ambientes que ayudan a erradicar la violencia política y otros que sencillamente la favorecen. Y también porque esa clase de complicidad no es cosa del pasado. Baste mencionar que en la reciente sesión inaugural del congreso ideológico del Frente Amplio se exhibió un lienzo con frases y caricaturas ofensivas contra el presidente Kast, a vista y paciencia de los asistentes (entre los que estaba el expresidente Boric).

Hace poco se cumplieron 35 años del homicidio de Jaime Guzmán. Ahí, cuando la sangre sí llegó trágicamente al río, Gabriel Valdés —adversario político del asesinado senador— afirmó sin titubear en su funeral: “que no se engañe a ningún solo joven pretendiendo que hay heroísmo en la cobardía brutal del terrorista”. Era un mensaje claro, sin los “peros” ni matices que hoy formulan la Confech y otros actores a propósito de la agresión contra Lincolao. Alguna vez ese mensaje inequívoco, sin “peros”, fue hegemónico en la centroizquierda. Ella estaba a un lado y la “ultra” a otro. ¿Es así hoy? 

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