Opinión
Dejar de ser trans

“El bienestar de adolescentes y jóvenes se ha subordinado a insólitas creencias sobre la naturaleza del género”.

Dejar de ser trans

Una serie de noticias del último mes merecen ser tenidas a la vista en la discusión sobre la transexualidad. Un tribunal de derechos humanos en Canadá, por ejemplo, ha impuesto una multa de 750.000 dólares al ciudadano Barry Neufeld por defender el binarismo sexual.

El Parlamento Europeo, por su parte, sacó adelante una resolución que pide a los estados miembros el reconocimiento pleno de las “mujeres trans” como mujeres, con todo lo que ello significa para la pérdida de espacios propios de estas. Son dos casos que ilustran bien la disposición que tiene una parte de la élite contemporánea: las políticas transafirmativas han comenzado a ser masivamente abandonadas, pero hay quienes usan cada recurso imaginable para evadir esta corrección de rumbo.

Cabe pensar, por otro lado, que esas reacciones son el pataleo final de una posición efectivamente derrotada. Otra noticia de comienzos de febrero lo ilustra bien: un jurado de Nueva York concedió a la joven Fox Varian una indemnización de dos millones de dólares por la mastectomía a la que fue sometida a los 16 años.

Se trata de un caso prototípico, en que psicólogos y médicos habían convencido a la familia de que sin tal cirugía habría alto riesgo de suicidio. Poco tiempo después, sin embargo, la joven ya no se identificaba como trans, pero sí había perdido sus pechos. Casos así son innumerables, y nos recuerdan la enorme medida en que el bienestar de adolescentes y jóvenes se ha subordinado a insólitas creencias sobre la naturaleza del género.

Como ese hecho ha quedado al descubierto, no puede extrañar que muchos jóvenes comiencen a exigir responsabilidades. Esta historia está lejos de acabarse, y cabría aquí añadir numerosos ingredientes del giro que está teniendo lugar (esta misma semana, por ejemplo, la conocida clínica de la Universidad Vanderbilt puso fin a las cirugías “género-afirmativas” también para el caso de adultos).

En pocos días más se publicará en Chile el libro “Dejar de ser trans”, de Nicolás Raveau, el primer relato de estas características que sale a la luz en nuestro medio.

Pocas cosas pesan tanto en este tema como el relato biográfico, y puede que este libro traiga sobre este problema la atención que merece. En cualquier caso, las noticias del último mes en el resto del mundo importan precisamente porque nuestro país sigue en deuda. Ad portas del cambio de gobierno, de hecho, la Circular 3 del Minsal volvió la semana pasada a apoyar la terapia hormonal en menores.

Quienes creen estar siempre al “lado correcto de la historia” han terminado en un lugar muy singular: no solo a un dudoso lado de la historia, sino aislados también de la evidencia y del cuidado.


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