Se trató de un ejemplo más de la “intolerancia de los tolerantes” propia de la cultura de la cancelación, cada vez más extendida en la sede universitaria. El hecho levanta varias preguntas tan incómodas como relevantes.
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El título de esta columna reproduce una de las pancartas con las que fue hostigada la directiva de la FEUC —peticiones de renuncia inclusive—, luego de sumarse a conmemorar el día internacional del niño que está por nacer. En rigor, se trató de un ejemplo más de la “intolerancia de los tolerantes” propia de la cultura de la cancelación, cada vez más extendida en la sede universitaria. El hecho levanta varias preguntas tan incómodas como relevantes.
Mirando hacia atrás, el episodio invita a indagar en el origen de estas lógicas. En su monumental “Historia de la FEUC”, Cristóbal Karle ahonda en las raíces del movimiento NAU, cuna de Miguel Crispi, Giorgio Jackson y otros cuadros frenteamplistas (y principal instigador de la reciente funa contra la FEUC). Ahí Karle reivindica los componentes de centro —y no sólo de izquierda— en la génesis del NAU, pero también recuerda que Crispi y sus aliados alcanzaron protagonismo intentando destituir a dos miembros de la FEUC en 2008 (debo decir que uno era yo). ¿El motivo? Defender una posición provida. ¿Hasta qué punto hay una continuidad entre la prehistoria del NAU y su deriva actual?
El hostigamiento referido permite asimismo interrogar las reacciones (o su falta) de la comunidad universitaria, dentro y fuera de la UC. ¿Qué señalará el nuevo rector de la Llera? ¿Otros rectores e intelectuales? Mientras la vigencia del diálogo democrático exige tolerar el disenso, la universidad como institución se juega en la posibilidad de perfilar un contrapunto razonado y pacífico ante la opinión presuntamente mayoritaria. ¿Es razonable guardar silencio al respecto?
Conviene reparar además en las reacciones que han asomado en la esfera pública. Fue inquietante el modo en que Patricio Fernández —exconvencional del “colectivo socialista” funado en la fallida Convención— le bajó el perfil a este hecho en T13 radio el viernes pasado. Si los adultos del mundo progresista hoy no sacan la voz ante este tipo de prácticas, ¿qué podemos esperar de las nuevas generaciones de izquierda? (Fernández, cabe recordar, es escuchado de Boric hacia abajo).
Más cauto fue Oscar Contardo: “uno puede criticar su incidencia (de los “conservadores UC”) en la política extrauniversitaria, pero si voluntariamente vas a estudiar ahí, es muy extraño querer torcer una identidad que está dada desde su origen”. Aunque Contardo reconoce el hecho del pluralismo —no es poco—, elude el fondo del argumento contrario al aborto: es injusto eliminar deliberadamente a otro individuo inocente de nuestra especie, cualquiera sea su edad, sexo o fase de desarrollo. Ahí reside la mayor tragedia del aborto. Y —todo hay que decirlo— en la igual dignidad humana reside el fundamento de la democracia.