Opinión
El Frente Amplio y la desinformación

El Presidente se equivoca profundamente al pensar que esto es un problema exclusivo de las llamadas derechas radicales. El sistema político en su conjunto está atravesado por este tipo de dinámicas y la izquierda que él lidera ha tenido enorme responsabilidad en promover lógicas que alientan las fake news y la desinformación.

El Frente Amplio y la desinformación

“La desinformación es un peligro grave para las democracias y las sociedades y ellos [la derecha] la utilizan como arma política para confundir y engañar”. Esta fue parte de la respuesta del Presidente Gabriel Boric para quienes desde la derecha pidieron explicaciones por una supuesta foto suya en estado de ebriedad durante el fin de semana.

Aunque por supuesto resulta de interés público dilucidar la verosimilitud de una imagen de esa índole, Boric tiene razón en una cosa: las fake news son riesgosas para la estabilidad de nuestro sistema democrático. Hay abundante evidencia sobre el modo en que ellas operan y los incentivos perversos que generan en las decisiones de los votantes. Sin embargo, el Presidente se equivoca profundamente al pensar que esto es un problema exclusivo de las llamadas derechas radicales. El sistema político en su conjunto está atravesado por este tipo de dinámicas y la izquierda que él lidera ha tenido enorme responsabilidad en promover lógicas que alientan las fake news y la desinformación.

Basta pensar en algunos ejemplos recientes. Según los parlamentarios frenteamplistas, el TPP-11 generaría las peores calamidades para Chile. El entonces diputado Gabriel Boric, por ejemplo, afirmaba con total seguridad que este tratado permitía a las empresas transnacionales demandar a Chile si es que se desarrollaban políticas públicas laborales que dañaran su patrimonio. De acuerdo con las palabras del diputado Ibáñez, Chile estaba cediéndole soberanía a un grupo de corporaciones extranjeras. Según el diputado Winter, los trabajadores podrían perder vacaciones, postnatal o indemnización por despido si nuestro país firmaba el acuerdo. Nada de esto ha pasado. De hecho, el tratado hasta ahora solo ha reportado beneficios para Chile.

Frente a esto, la diputada Gael Yeomans señaló la semana pasada que la discusión se hizo sin tener todas las cartas sobre la mesa. Lo que muestra esta frase es que no solo desinformaron entonces, sino que lo siguen haciendo. En realidad, sí contaban con todos los antecedentes necesarios, pero optaron por una postura construida sobre medias verdades, ajustada estratégicamente a sus discursos grandilocuentes.

La columna de Giorgio Jackson del fin de semana pasado en La Tercera, titulada “El móvil del Frente Amplio”, también es un ejemplo del mismo problema. El exministro le atribuye al Frente Amplio una serie de avances (y medidas polémicas) que pertenecen a otros gobiernos u oposiciones mucho más leales con la democracia que ellos. Además, Jackson afirma que “durante la mayor crisis política desde la vuelta a la democracia, el FA puso todo su capital a disposición de una salida democrática al conflicto, aunque haya significado un costo en popularidad”. Nada más lejos de la realidad. Otro intento de tantos por reescribir la historia reciente.

El Frente Amplio intentó botar al gobierno democráticamente electo dos veces, instigó la violencia en las calles (“¿cómo quieren que no lo quememos todo?”), motivó a los jóvenes a saltarse los torniquetes (“gracias por todo cabr@s”, escribió Jackson en Twitter), algunos inventaron centros de tortura en estaciones de Metro, e hicieron todo cuanto pudieron para hacer imposible la administración de Piñera.

Durante la pandemia ocurrió algo parecido. Según ellos, el gobierno de Sebastián Piñera intentaba matarnos. La dictadura sanitaria, le llamaban. Veíamos al actual ministro Pardow en televisión dando cifras y promoviendo medidas imposibles de cumplir; a Izkia Siches criticando todas y cada una de las decisiones del gobierno. Nada estaba bien, ni siquiera la vacunación en tiempo récord.

Esta es la lógica del Frente Amplio. Así han operado desde sus comienzos y ejemplos de fake news y desinformación hay tantos que no caben aquí. Para armarse políticamente construyeron un relato del Chile de los 30 años basado en medias verdades y frases estruendosas alejadas de la realidad como “Chile es el país más desigual del mundo” o “Chile tiene la misma desigualdad que Haití”. Puras mentiras. Tenemos múltiples problemas, el malestar social no es un invento, pero el diagnóstico que construyó el Frente Amplio estaba lejos de la realidad. 

El oficialismo haría bien en dejar de culpar de los problemas de la democracia a su adversario y empezar a asumir sus responsabilidades en la crisis que vivimos; bajar del pedestal moral de una vez por todas y comprender que ellos han sido los precursores de las dinámicas que acusan. De hecho, ellos son los grandes protagonistas de la desinformación en la política chilena de la última década. Abran los ojos y miren su propio descampado.


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