"Arenas lleva más de una década advirtiendo cuán dañina ha sido para las derechas la indiferencia respecto del viejo oficio político"

Como han sugerido diversas voces, la polémica sobre la rebaja de penas a condenados por delitos sexuales contra menores de edad ilustra a la perfección el déficit político que padece el gobierno del presidente Kast. Para notarlo, basta realizar un breve rodeo.
Es verdad —como han explicado en los medios Patricio Zapata y Carlos Peña, entre otros— que tras esta polémica subyace una controversia jurídica compleja. Por de pronto, la interpretación que sostuvo en un principio el ministro Rabat (a saber, que el Ejecutivo necesariamente debería otorgar el bullado beneficio a quienes cumplen sus requisitos formales) ha sido respaldada por una mayoría de fallos de la Corte Suprema. Por lo mismo, nada indica que este asunto amerite recurrir a una herramienta de ultra ratio como una acusación constitucional.
Sin embargo, a estas alturas es obvio que el problema no se agota ni se resuelve sólo en su dimensión jurídica: un ministro de Estado siempre ha de evaluar la perspectiva política del caso. En rigor, un gobierno que ha buscado perfilar entre sus banderas centrales la protección de la infancia y el fortalecimiento del papel del Estado contra la delincuencia sencillamente no puede actuar del modo en que lo hizo sin autoinfligirse un golpe en la línea de flotación de su credibilidad.
Todo esto se vuelve aún más patente al constatar que el gobierno anterior optó por una estrategia distinta —ir a discutir cada caso en tribunales—; una estrategia quizá más “ineficiente” desde una mirada que prioriza la “economía procesal”, pero paradójicamente más consistente con la promesa de mano dura que esgrimió el actual mandatario antes de llegar al poder (de hecho, nadie tiene muchas dudas sobre cómo habría actuado el candidato JAK si sus adversarios políticos hubieran cometido un error semejante).
Es una ironía del destino que todo esto haya ocurrido en la misma semana en que se estrenaba como vocero de gobierno el nuevo subsecretario Arenas. Aunque los problemas de diseño no se reducen a una sola persona ni a un solo cargo —más temprano que tarde el Presidente Kast deberá reforzar su gabinete con más dirigentes de peso y trayectoria—, el ingreso de un exdiputado con experiencia partidista y visión histórica parece un paso en la dirección correcta. En especial considerando que Arenas lleva más de una década advirtiendo cuán dañina ha sido para las derechas la indiferencia respecto del viejo oficio político.
Mal que pese, hoy resuenan incluso con más fuerza las palabras del propio Arenas acerca del “desprecio de la política” que reflejaba el primer gabinete del expresidente Piñera: “el problema es que ser ministro no es lo mismo que ser gerente” (Gonzalo Arenas, “Virar derecha”, 2014). Aún es tiempo de rectificar.